Dajabon RzD. En el año 2025, el gasto del gobierno en celebraciones y fiestas populares ha sido millonario, observamos con preocupación la aparente indiferencia de los funcionarios ante la falta de servicios básicos en Dajabón, Este contraste se vuelve aún más evidente con la reciente solicitud del alcalde Santiago Riverón de apoyo para la adquisición de un camión y un Bobcat, para la recolección de desechos, dejando en el aire una pregunta crucial: ¿qué es más necesario para el pueblo, las festividades o la compra de estos equipos?
Desde el inicio del año, el gobierno ha destinado millones de pesos a la organización de fiestas y eventos populares, un esfuerzo que, si bien busca promover la cohesión social y el disfrute comunitario, ha suscitado críticas por su falta de alineación con las necesidades más urgentes de la población. En una localidad donde la recolección de basura se ha vuelto un desafío diario y el mantenimiento de los servicios públicos es a menudo deficiente, «Las fiestas son divertidas, pero necesitamos un pueblo limpio y servicios que funcionen correctamente».
El alcalde Santiago Riverón, recientemente en redes está solicitando apoyo, del pueblo para la compra de un camión y un Bobcat para mejorar la recolección de desechos, Sin embargo, esta solicitud ha sido recibida con escepticismo por muchos ciudadanos, que preguntan por qué no se han priorizado estas necesidades antes de invertir en celebraciones y no hemos visto un solo funcionario pidiendo al gobierno.
Sin embargo, el dilema persiste: el pueblo necesita tanto entretenimiento como servicios básicos. La balanza se inclina hacia el bienestar de los ciudadanos cuando se consideran las necesidades inmediatas de la comunidad.
En conclusión, el gasto en fiestas populares y la falta de atención a servicios esenciales como la recolección de desechos resaltan un conflicto importante en las prioridades del gobierno local. La comunidad se enfrenta a una encrucijada: la diversión y el entretenimiento no deberían eclipsar la necesidad de una infraestructura básica que garantice la calidad de vida de sus ciudadanos. La pregunta queda abierta: ¿serán capaces las autoridades de equilibrar estas dos necesidades vitales?





