Dajabon RD.La dignidad educativa no se negocia
En los centros educativos de nuestro país se vive una realidad que contradice los discursos oficiales sobre calidad y bienestar escolar. El caso reciente del centro educativo La Altagracia, que se vio obligado a despachar el segundo ciclo porque la comida no alcanzó para ambos niveles, es un reflejo doloroso de cómo las promesas se desmoronan frente a la cotidianidad.
¿Cómo puede afirmarse que el sistema educativo está bien, que el INABIE cumple su rol, cuando los estudiantes deben regresar a casa por falta de alimento? La alimentación escolar no es un lujo, es un derecho básico que garantiza igualdad de condiciones para aprender. Negarlo, minimizarlo o justificarlo es un acto de irresponsabilidad institucional.
La indignación crece aún más cuando las autoridades locales, como la directora distrital, parecen ausentes o incapaces de asumir con firmeza la defensa de los estudiantes. La educación no se sostiene con discursos vacíos ni con gestos burocráticos: requiere liderazgo valiente, compromiso ético y acción inmediata frente a las carencias que se repiten a diario.
El problema no es solo la falta de comida en un día específico; es el síntoma de un sistema que se conforma con aparentar bienestar mientras la realidad golpea a las familias y a los niños. Cada vez que un estudiante se queda sin almuerzo, se vulnera su derecho a aprender en condiciones dignas. Cada vez que una autoridad calla, se perpetúa la injusticia.
La comunidad educativa merece respeto. Los padres confían sus hijos a la escuela con la esperanza de que allí se les cuide y se les forme. Los maestros luchan por mantener la motivación en medio de carencias. Los estudiantes, que deberían ser el centro de toda política pública, terminan siendo los más afectados por la indiferencia.
La dignidad educativa no se negocia. Es hora de que las autoridades nacionales y distritales se pongan los pantalones y enfrenten con seriedad estas situaciones. No basta con inaugurar programas ni con repetir cifras en conferencias: se necesita garantizar que cada niño reciba lo que merece, empezando por un plato de comida en su mesa escolar.





