Dajabon RD. Hoy escuchamos a congresistas y funcionarios hablar de una “Navidad sin Navidad”. Pero esas palabras no pueden quedarse en un simple lamento: deben ser un llamado a la reflexión y a la acción.
¿De qué sirve repetir que no habrá Navidad si no se piensa en la masa pobre, en las familias que luchan cada día por poner comida en la mesa? ¿De qué sirve hablar de sacrificio si lo que vemos es privilegio y bolsillos llenos?
Los gobiernos actuales tienen una responsabilidad histórica: mirar hacia atrás y reconocer lo que hicieron los anteriores. No para justificarse, sino para aprender de los errores. Porque si se ignora la memoria, se repite la corrupción, el despilfarro y el abandono que tanto daño han causado.
Una “Navidad sin Navidad” no es inevitable. Es el resultado de decisiones equivocadas y de la falta de compromiso con la gente humilde. Si los gobernantes deciden escuchar al pueblo, actuar con transparencia y poner la dignidad por encima de los intereses personales, entonces la esperanza volverá a encenderse.
Que este diciembre no sea símbolo de ausencia, sino de conciencia. Que los funcionarios entiendan que gobernar es servir, y que la verdadera Navidad se construye con justicia, solidaridad y respeto.





